Muchas urracas, hablaban por el Congreso y por Castilla la Mancha, de su muerte y de su final, y algún que otro cuervo, ansiaba ir a Moncloa a sacarle hasta los ojos, viéndose ya como el futuro.
Todo eran cacareos en el palomar de la Calle Génova, y cada vez, más buitres se sumaban a la fiesta, viviendo de una manera despreocupada, pensando que no les haría falta ni una sola propuesta, que no les haría falta posicionarse de un lado o de otro en lo que a economía respecta, para alcanzar el poder.
Este exceso de confianza les hizo olvidar dos cosas, que todo pájaro que vuela va a la cazuela, y que el ave Fénix, siempre resurge de sus cenizas.
Al final esto sucedió, cual ave Fénix, el presidente resurgió de lo que ellos consideraban unas cenizas, y batió las alas, mandando a todos los pajarracos a una cazuela de la que saldría un guiso de mentiras y casos de corrupción, trayendo consigo nuevos aires, aires de izquierda, y un futuro que ilusiona y hace que ahora más que nunca, creamos con todas nuestras fuerzas en la política, y que a la crisis le queda poco tiempo de vida.
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